¿Qué tiene Pipi Calzaslargas en común con Ikea?

Nuestro viaje continua a través de Smaland, una región donde parece que el tiempo se ha detenido. Las carreteras zigzaguean suavemente cruzando, lagos, bosques y campos ondulados. Algunos campos son verdes, salpicados de flores de diente de león amarillas, otros campos están cubiertos completamente del amarillo brillante de los cultivos de colza. Y de vez en cuando una de las típicas casas rojas, o una granja, o un granero. Un tractor trabajando los campos, vacas y ovejas pastando. El impecable cielo azul, adornado con algunas nubes blancas algodonadas. La región y los colores nos parecen extremadamente placenteros, aunque debe ser duro para la gente que vive aquí, subsistiendo de la tierra, haciendo frente a la infinita cantidad de piedras de los campos, a los duros inviernos. Y por supuesto, para almas inquietas como las nuestras, puede que después de un tiempo resultara aburrido vivir aquí, pero de momento la región tiene un efecto balsámico.

A continuación la carretera nos lleva a Eskjo, una pequeña ciudad, cuyo centro está muy bien conservado, con calles empedradas y una colección de casas de madera que datan del siglo XVII. Hace tanto calor, que lo primero que hacemos es comprarnos unos helados en la calle principal. Cerramos la visita comprando medio kilo de fresas locales en un puesto callejero. Son pequeñas y deliciosas.

A la mañana siguiente Polaris nos lleva, a través de carreteras cruzando interminables bosques, al pueblo natal de Astrid Lindgren, la famosa escritora de libros infantiles, conocida universalemente por crear el personaje de Pippi Calzaslargas, mi mayor héroe infantil. La granja donde creció la autora muestra ahora una exposición bastante conmovedora de su vida y su obra. Nos transporta  hacia el pasado bastantes años y también nos hace pensar en el futuro. Los jardines han sido diseñados con gusto exquisito y tienen diferentes rincones, cubriendo un largo espectro de estados de ánimo, desde la soledad a la risa. También contiene el gran árbol de tronco hueco que la inspiró a crear el famoso ´Árbol de la Limonada´ en los jardines de Villa Vilekulla, la casa de Pippi. Una experiencia memorable. Una mujer tan fuerte, capaz de tener presencia en la vida de tantos millones de niños. Dejamos el lugar rendidos con admiración y con recuerdos que gravitaran desde nuestras mentes a nuestros corazones por mucho tiempo.

El viaje continua estupendamente, explorando el Glasriket (reino del vidrio), la región donde el soplado tradicional de vidrio, es la actividad estrella. Puesto muy simplemente, el vidrio es una mezcla de arena y fuego. Fuego muy, muy caliente, más de 1000 grados centígrados. Las piezas acabadas se ´enfrían´ a más de 400 grados. Es bastante inspirador ver el trabajo de los artesanos del vidrio, una mezcla única de creatividad y destreza. Me parece una manera genial de ganarse la vida.

En los últimos días, a lo largo de la carretera, pasamos pequeños pueblos con nombres que me recuerdan a muebles de Ikea. El nombre de el pueblo que acabamos de pasar, sospechosamente se parece mucho al de un sofá que compré hace muchos años. Al parecer esto sería totalmente plausible, pues aprendemos que Smaland también es la región natal de IKEA. Hay un gran museo mostrando la historia de la empresa, pero nos coge un poco a trasmano, así que lo dejamos correr y nos dirigimos a Kalmar, una bonita ciudad en la costa con un castillo magnífico.

Allí nos enteramos de que ya no quedan plazas para los dos días siguientes en el ferry a Gotland, que es la isla a la que queremos ir a continuación. Improvisadamente decidimos pasar los dos días en Oland, una isla cercana a la que se puede acceder a través de un puente. Resulta ser un desvía feliz. Parte de la isla ha sido declarada patrimonio de la humanidad por la Unesco, y con todo derecho porque es una especie de pequeño paraíso, donde los ciervos cruzan la carretera por doquier, gigantes conejos atléticos corren sin miedo enfrente de los pocos coches y las focas toman el sol en la punta sur de la isla, donde viven miles de pájaros. Todos deben disfrutar a diario las puestas de sol magníficas. Además las vacas y ovejas pastan a placer por todos los prados, como lo hacían sus ancestros cien años atrás. Pero mi parte favorita es que la isla está practicante cubierta de frondosos arbustos de lilas. Las hay rodeando jardines, delineando caminos, por todas partes. Algunas son tan altas que esconden las casas detrás, dándoles cobijo de la curiosidad ajena y el viento (bastante despiadado y persistente, por cierto). Y como la temperatura es bastante cálida, el aroma de las lilas se extiende por todas partes. Bastante espectacular.