Si nada, puede que sea un pez o puede que no

Las islas Lofoten continuan capturando nuestra atención y dándole chispas, esto último tanto figuradamente como literalmente, cuando llegamos a Sund, un pequeño pueblo algo alejado del circuito turístico y Christian de nuevo se queda ensimismado con el trabajo de un herrero, no estoy segura de si es la atracción hacia alguien que pasa su tiempo jugando con fuego. Por lo que a mí respecta, yo me digo que tengo bastante con un herrero a la semana y como habíamos visitado otro hacía un puñado de días, decido saltarme éste.

Sund es uno de los pocos lugares que divide las opiniones de Christian y mía. A él le encanta y yo  tengo dificultades para encontrarle interés alguno. A lo mejor es mi momento.

Estamos más de acuerdo tan pronto como alcanzamos Hamnoy que las vistas de este pequeño pueblo/ isla son bastante espectaculares desde el alto puente que tiene al lado. Flanqueado por montañas del Norte al Oeste y por rocas y aguas de color aguamarina del Sur al Este, y por supuesto alfombrado coquetamente de las típicas casas rojas de pescadores, llamadas Rorbu (cabaña construida en madera, edificada sobre pilotes en la ribera de la costa noruega, directamenta sobre los roquedos – Wikipedia) es bonito como una foto en todas sus dimensiones.

Siguiendo las curvas de la carretera y un par de puentes más allá, está Sakrisoy, otro pequeño pueblo/ isla rodeado de montañas y aguas de tonos aguamarina, bonito como una postal también, pero con las casas pintadas de amarillo, con bacalaos colgando para que se sequen y un viejo camión cargado de pescados secos. Seguramente un reclamo turístico, pero nos da igual. El sol brilla y la temperatura es veraniega. Nos sentamos en la terraza del restaurante – tienda local, justo encima del agua, y nos comemos una ración de gambas y una cerveza (sin alcohol, porque me he dado cuenta de que son mucho más baratas, menos de la mitad de precio, y si está frío. Yo no noto la diferencia de sabor).

Lentamente llegamos a Reine. Puede que lo mejor del pueblo, aparte de las típicas casas rojas, sea su situación, en una pequeña península en la costa este de la isla de Moskenesoy, enmarcado extraordinariamente por las montañas y el mar a todo alrededor, como si fuera una pequeña perla brillante, dentro de una ostra impresionante. Las vistas desde la carretera E10, que es como una atalaya perfecta, son espectaculares. Uno de esos pocos lugares que al verlos por primera vez, vas y exclamas ¡Wow!

Reine es también nuestra base para un par de excursiones. En la primera cogemos el ferry local hasta el pequeño poblado de Vinstad, donde empezamos a caminar a lo largo del fiordo, hasta llegar a la playa de Bunes. La playa tiene forma semicircular y está rodeada de montañas. Es bastante grande, hay aproximadamente 800 metros de arena blanca, desde la parte trasera de la playa hasta el mar, y más o menos lo mismo entre las dos paredes laterales naturales. Hubiera perfecto de no ser por una tormenta de arena que deshace nuestros planes de picnic playero y nos hace subir de nuevo el acantilado unos 15 o 20 minutos después de haberlo bajado, pore la arena voladora hace bastante daño al chocar contra piernas, brazos, cara y en todas partes. De todas formas la playa es muy bonita. Y supongo que las asperezas naturales contribuyen a ello. 

En la segunda excursión vamos guiados por la agencia Aqua Lofoten (https://aqualofoten.no/en/maelstrom-bird-islands/) en una Zodiac. El capitán Alex nos lleva al fiordo a ver a un grupo de orcas. Nos quedamos simplemente boquiabiertos al verlas nadar felizmente. Es un grupo de por lo menos cinco de ellas. Un encuentro muy feliz. Desde allí vamos bordeando la costa de la isla. A lo largo del camino encontramos antiguos asentamientos de pueblos pesqueros y el capitán Alex nos da un montón de explicaciones acerca de la historia de cada lugar. Tiene un talento natural para la narrativa oral y es muy entretenido. También tenemos la suerte de encontrar un par de águilas marinas, poco antes de llegar a las corrientes de Maelstron, una de las corrientes marinas más fuertes del mundo, que inspiró a genios de la literatura como Julio Verne, para un pasaje de Veinte mil leguas de viaje submarino, y a Herman Melville en Moby Dick. Es divertido cruzar la corriente a toda velocidad abordo de la zodiac, siempre en las manos expertas del capitán Alex. Al otro lado de la corriente encontramos una colonia de alcatraces viviendo en las rocas. Una excursión especial.

Me toca invitar a Christian a cenar, así que vamos a Sorvagen, un pueblo cercano, donde disfrutamos de un menú de 5 platos en el restaurante de pescado Maren Anna (http://www.marenanna.com/en/about-01/), situado en una vieja casa en el puerto. Buena atmósfera, comida excelente, buen vino y empleados agradables, incluyendo a una camarera que canta en play back con la música de fondo, con todo el sentimiento y los ojos cerrados, mientras prepara cócteles detrás de la barra (Steve Tyler estaría orgulloso, ya que Aerosmith parece ser uno de sus favoritos).  ¨ Tu amor es una dulceee miseriaaa ¨.

 

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