Desde Venecia a la tierra de los osos

Era la primera semana de Mayo y estábamos en el sur de Austria mirando la previsión meteorológica y sintiéndonos un poco deprimidos, ya que parecíamos estar en medio de una borrasca gigante, así que no sabíamos muy bien a donde dirigirnos. Entonces empezó a nevar. Lo vimos claro, teníamos que cambiar nuestros planes de ir a las montañas de Eslovenia y a cambio poner rumbo sur, a nuestra querida Venecia, donde parecía que iba a salir el sol. Sin pensárnoslo dos veces pusimos el pie en el acelerados y cogimos la autopista. 300 Km más tarde, la silueta de Venecia desdibujaba por la lluvia aparecía frente a nosotros. Intentamos no deprimirnos aún más y esperar que al día siguiente saldrá el sol y montamos a Polaris y a nosotros mismos en un ferry para cruzar el canal de la Giudecca hasta el camping en el Lido. A pesar de la lluvia y la neblina, el perfil familiar y encantador de Venecia, contemplada desde el agua, trae calor a nuestros corazones.

El tiempo aclara al día siguiente, así que de buena mañana saltamos a un vaporetto para cruzar el canal hacia la ciudad. Está claro que hay partes de Venecia ocupadas por millares de turistas y que Venecia es ese lugar donde los iconos están más cerca de ser estereotipos, pero igualmente es simplemente maravilloso pararse a contemplar el Gran Canal desde lo alto del puente de la Academia, y ver a las gondolas, los vaporettos, los taxis acuáticos y otras embarcaciones competir para pasar, entre el decorado grandioso de los palacios anclados a ambas orillas. Y aunque me disgustan tremendamente las multitudes gigantes que cruzan el puente de Rialto eternamente, y la concentración imposible de tiendas de souvenirs, tengo que admitir que las vistas desde el puente son increíbles.

Y desde luego que no me van a pillar dándome una vuelta en una góndola, porque este es el estereotipo que no puedo soportar, pero me encanta el vacío romanticismo de verlas aparcadas, solitarias.

Lo mejor es que si te apartas de las rutas turísticas, aún puedes encontrar esquinas agradables para disfrutar en soledad, y si miras en direcciones diferentes, también puedes ver Venecia, no como una disneylandia turística, sino como una ciudad donde se vive y se trabaja cada día, eso sí, rodeados de toda esta belleza decadente.

También las puestas de sol son imbatibles.

Pero si lo que necesitas es pintar tu vida de colores, solo tienes que coger el vaporetto a Burano, una pequeña isla cercana. Aquí están presentes todos los colores en todos los matices e intensidades.

Seguramente nos hubiéramos quedado en Venecia mucho más tiempo, de no ser porque cada día que pasamos aquí da un gran mordisco a nuestro humilde presupuesto para este viaje. Así que nos dirigimos a Eslovenia. Como desafortunadamente el tiempo no ha mejorado, decidimos ir a la costa en vez de a las montañas y llegamos al amigable y agradable pueblo de Koper.

Como el sistema de transporte es bastante eficiente también usamos Koper como base para visitar Piran, que tiene una belleza clásica y donde además encontramos un pequeño restaurante donde nos comemos un excelente pescado a la brasa.

Nuestra próxima parada es la región vinícola de valle de Vipaba, donde pasamos la noche en la viñas de Rouna, después de haber degustado unos vinos acompañados de deliciosos embutidos, jamón y queso de la zona. Así se va otro pellizco generoso de nuestro presupuesto.

Desde aquí nos dirigimos a Ljubljana, donde aparte de disfrutar de la ciudad, subir al castillo y probar el delicioso chocolate salados, tenemos la suerte de encontrarnos con Mojca, una antigua colega, su marido y sus hijas. Pasamos con ellos una velada muy agradable y estamos deseando probar la botella de vino que nos regalan y que estamos guardando para una ocasión especial.

Tenemos reservada una cabaña en el bosque en Stari Trg, un pequeño pueblo al sur del país, donde esperamos ver y fotografiar osos. Estamos deseando llegar, acordándonos de lo mucho que disfrutamos en Finlandia fotografiando a los plantígrados. Miha de https://slovenianbears.com es un gran anfitrión y, a pesar de que llueve y nieva, nos lo pasamos en grande observando a los osos en su hábitat natural. Nos envolvemos eso sí en varias capas de ropa de abrigo, ya que ha algo así como 0 grados dentro de la cabaña donde pasamos horas esperando y contemplando.